Caminando hacia la churrería también se queman calorías

La  hora del postre

Gofres calientes, en esta noche oscura y fría.
Apetitoso veneno para una amarga alegría crepuscular.
Empalagoso, grasiento y pegajoso el pasado.
Buñuelos y crema, en días alternos, en una doble vida.
¡Oferta! Llévese dos y pague uno,
aunque me los comeré solo.
Pares y nones, dulce y salado…
Sobre un tablero de ajedrez,
juego una partida que voy perdiendo.
Como un caballo salto de cuadro en cuadro,
ahora blanco, ahora negro, ante un futuro enrocado.

El fin de la fiesta, al igual que el postre,
llegó de golpe, de noche,
en un coche con los faros apagados.
Nevará azúcar sobre los primeros días de invierno.
El otoño se acaba, y la primavera ya queda muy lejos.
Mi dolorida espalda se dobla,
como mi panza, ante los hechos:
los mejores tiempos ya pasaron,
pero los peores aún están por venir.
Demasiado tarde para aplicar
lo que aprendí de esta receta repostera.
Lo sé, y sonrío, pues no tengo miedo al frío,
frente a la chimenea apagada.

Qué largos son los monólogos contigo,
cuando empiezo a encontrar las respuestas
a tantas preguntas impertinentes.
Engorda más la realidad que las calorías.
Mi delantal ya está demasiado salpicado,
de tanto saltar en el barro.
Fue divertido mientras duró este aburrimiento.
Será aburrida la soledad divertida.
Me limpio las manos con una servilleta de papel mojada,
en la que anoté tu número de teléfono.

Soy un chiste verde en medio de una reunión.
Soy un calendario con una foto obscena
que cuelga en un viejo taller mecánico,
al que ya le arrancaron muchas hojas.
Nuevos objetivos en el horizonte,
contemplados desde el monte de los fracasos.

Con una guitarra desafinada en la cuerda floja,
este bufón mira burlón la red de seguridad,
con la certeza que cuando llegue el momento de la caída final,
habré disfrutado de este circo sin animales,
pero con muchas fieras.
Esperando que cada día sea mejor en la parada del autobús,
quizá llegó el momento de coger un taxi, o de salir al galope,
en busca de un momento dulce y un mañana diferente.
Porque es preferible no detenerse junto al camino,
y seguir andando, aunque nos sangren los pies,
aunque sea para ir a la churrería,
o al mismísimo Infierno.